Características
La RBIM se sitúa en el sur de la Península Ibérica, en la Comunidad Autónoma de Andalucía, en las provincias de Cádiz y Málaga, y en el norte de Marruecos en las montañas del Rif, en las provincias de Tánger, Tetuán, Chefchaouen y Larache. Presenta una forma arqueada abierta al Mar Mediterráneo en la que el Estrecho de Gibraltar funciona como un eje de simetría, dejando en cada una de las dos orillas dos ámbitos terrestres especulares y complementarios.
Ocupa una superficie de 907.185,02 Has y sus altitudes oscilan entre los 2170 m.s.n.m del Lachhab en Marruecos, y los 500 a 600 metros de profundidad en las aguas del Estrecho de Gibraltar.
En Andalucía participan 61 municipios, 22 de la provincia de Cádiz y 39 de Málaga, mientras que en Marruecos participan 48 municipios, de los que 23 partenecen a la provincia de Tetuán, 17 a Chefchaouen, 7 a la provincia de Larache, y 1 a la provincia de Tánger.
Las condiciones naturales del Sur de Andalucía y el Norte de Marruecos se han ido construyendo en un proceso común que ha dado lugar a condiciones biofísicas compartidas, adquiriendo importancia como unidad específica entre el macizo hercínico de la Meseta Ibérica y el gran escudo africano. Este ámbito, conocido como el sistema montañoso Bético-Rifeño, discurre formando un arco abierto al Mar Mediterráneo, mostrando dos secciones de estructuras prácticamente simétricas a ambos lados del Estrecho de Gibraltar.
La historia geológica compartida ha constituido la base primordial para el desarrollo de las condiciones del medio natural en ambas orillas. A partir de este sustrato se han generado grandes ecosistemas comunes en los cuales el Estrecho se dibuja como un eje de simetría y como una doble encrucijada, particularizando aún más sus características. La litología, la geomorfología y los suelos, así como el clima y las especies vegetales y animales que lo componen, se repiten en las dos riberas y la interacción de ellos con los pobladores ha ido generando paisajes muy parecidos.
Por estas circunstancias esta Reserva de Biosfera destaca por ser un ejemplo representativo de la región biogeográfica Mediterránea, poco representada espacialmente en el globo terráqueo. La singularidad y la diversidad interna son dos de sus máximas señas de identidad, incentivadas por encontrarse fracturada en dos situaciones de gestión diferentes.
En el ámbito de la RBIM la acción humana ha funcionado como un agente modelador más en la fisonomía actual del paisaje. Este papel activo es producto de un proceso de poblamiento largo y con una forma de vida muy dependiente de los recursos naturales disponibles y de las posibilidades que le ofrecía su emplazamiento geográfico.
Dicho emplazamiento ha sido determinante en la construcción de su historia y su cultura, dada la cercanía tanto a los hitos costeros de penetración de las rutas comerciales y de colonización de los pueblos del Mediterráneo, como a las influencias y comercio del mundo Atlántico, manteniendo, por tanto, una situación estratégica a lo largo de los siglos que aún se conserva en la actualidad.
Ambas riberas han participado de un proceso de poblamiento y evolución de los hechos históricos bastante similar, jugando un papel muy significativo los abundantes puertos, algunos de ellos muy antiguos, a través de los cuales y, en combinación con las rutas terrestres, se ha tejido el denso entramado de relaciones que define las formas culturales de la Reserva de la Biosfera Intercontinental. En este ámbito, rico en particularidades, los flujos humanos vienen viajando en múltiples direcciones desde la antigüedad y, en su largo devenir, se pueden destacar dos etapas históricas especialmente brillantes. En primer lugar, su inclusión en el imperio romano, que aglutina El Mediterráneo con la expresión "Mare Nostrum", y, en segundo lugar, el carácter singular que, como bisagra entre oriente y occidente, jugó esta región dentro del extenso mundo islámico, que tuvo su expresión propia y espléndida en La Cultura Andalusí.